En la actualidad, unas 430,000 personas fuman en El Salvador, de las cuales cerca de la mitad morirán por dicho consumo. Una proporción importante de los jóvenes salvadoreños (uno de cada 10) consumen tabaco lo que para ellos implica costos altos en atenciones de salud y, en una alta proporción, enfermedades que los incapacitarán y/o los llevarán a la muerte. Cada año, unas 1600 personas mueren en El Salvador producto del consumo de tabaco, que le cuesta a El Salvador unos 840 millones de dólares anuales.

Los impuestos al tabaco en El Salvador son uno de los más bajos del continente americano, muy por debajo del umbral mínimo sugerido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un estudio reciente encuentra que un incremento del 10% en el precio de los cigarrillos, implicaría una caída en su demanda del 8%. En un ejercicio de simulación, se muestra que un incremento de impuestos al tabaco que lleve la carga impositiva del 45% actual al 63% (todavía por debajo del umbral de la OMS) reduciría la cantidad de cigarrillos vendidos en un 40% es sólo cinco años. La cantidad de fumadores se reduciría en 75 mil, lo que salvaría unas 17 mil vidas (solamente en cinco años). La recaudación fiscal anual por impuestos al tabaco aumentaría en un 43%, en términos reales, hasta llegar a unos USD 54,7 millones en 2025.

Los impuestos al tabaco son la herramienta más costo-efectiva para disminuir su consumo. Su incremento es un ganar-ganar-ganar porque baja la mortalidad, bajan los gastos en salud asociados a las enfermedades que causa; y aumenta la recaudación fiscal que puede ser utilizada en tratar otras enfermedades o en reforzar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de las personas. El Salvador necesita esos recursos y los impuestos al tabaco pueden aportarlos.

Por Guillermo Paraje